Skip to main content

¡Qué Oso!

En muchos países de Latinoamérica, cuando alguien dice “¡qué oso!”, suele referirse a un momento vergonzoso, a hacer el ridículo. Y sí, debo confesar que a lo largo de mi vida he tenido varios de esos momentos, porque el camino del autodescubrimiento no siempre es glamuroso ni lineal. Pero hoy quiero hablarles de otro oso, uno muy especial en mi historia: el oso Po de Kung Fu Panda… y el oso de anteojos, nativo de mi tierra -y de los Andes de América del Sur-.

Ya les había contado que Po, el protagonista de la saga de DreamWorks, fue una fuente inesperada de inspiración para mí. Po es torpe y bonachón, pero también perseverante, y termina descubriendo que su verdadera fortaleza está en aceptar quién es. Algo de eso me tocó profundamente: porque sí, soy bastante velludo y, como dicen mis hijas con cariño, un poco “pachoncito” —aunque, por temas de salud, eso habrá que ajustarlo—. Para ellas parezco un oso, y poco a poco aprendí a aceptarlo también como parte de mi identidad.

Esa aceptación del ser ha sido un viaje largo, que espero solo concluya cuando termine mi tiempo aquí. La inconformidad, la falta de claridad, la búsqueda de la esencia, del propósito y de mi propia voz, fueron procesos complejos, a veces dramáticos, pero también llenos de humor y amor. Compartirlo con ustedes hace parte de lo que hoy me impulsa: construir mi propio legado y aportar desde la experiencia, con la esperanza de que otros encuentren inspiración para alcanzar sus propios sueños.

Nací en Bogotá, en medio de la cordillera de los Andes. A solo un par de horas de donde vivo, pasando por Guasca y llegando al páramo, es posible encontrarse con un habitante emblemático: el oso de anteojos. Un animal majestuoso, único en Suramérica, que carga en su rostro unas marcas que parecen gafas, y que me cautivaron desde que supe más de él.



Pero no fue de buenas a primeras que eligiera al oso. Busqué múltiples elementos, animales y conceptos que pudieran representar mi idea y encajar en lo que buscaba de manera casi perfecta. Llegué al oso de anteojos después de ver un video de una de sus apariciones en el páramo de La Cuchilla, en Guasca. No podría describir con exactitud la imagen, pero las emociones que me despertó fueron tan profundas que no pude apartar la mirada de él. Al descubrir que se trata de una especie en peligro de extinción, muchas cosas comenzaron a cobrar sentido en mi imaginario.



Comencé a investigar sobre “el oso” con mucha curiosidad, luego con la intención de ver cómo podía integrar lo hallado a mi proceso creativo. Descubrí que en Colombia su imagen ha sido parte de estampillas postales y que incluso aparece en la moneda de $50 pesos. Eso me dio la pista: si un país entero podía darle valor simbólico, ¿por qué no yo? Empecé a estudiar su fisonomía, sus movimientos, sus rasgos… y me encontré con un animal que podía representar no solo mis características personales, sino también la esencia de lo que quiero construir: un equilibrio entre fuerza y ternura, entre presencia y cercanía, entre lo tradicional y lo moderno.

El oso de anteojos se convirtió, entonces, en un puente entre mi vida personal y mi proyecto creativo. Me recordó que no hay que huir de lo que somos, sino abrazarlo, transformarlo y convertirlo en parte de la historia que queremos contar.

Hoy, cada vez que pienso en Spectacled Bear, no lo veo solo como una marca de animación y CGI, sino como un símbolo de identidad, de raíces y de propósito. Porque detrás de un “¡qué oso!” que podría sonar ridículo, puede esconderse la chispa que encienda un proyecto de vida.

Si algo quiero dejarte con este relato, es esto: no subestimes los detalles que parecen pequeños o anecdóticos. Nunca sabes cuándo una burla cariñosa, una película animada o un animal de tu región pueden convertirse en la semilla de algo mucho más grande.

Este es mi oso, y es también mi viaje. Te invito a seguir acompañándome en este proceso, porque aquí, en Spectacled Bear, cada historia tiene un origen, y cada origen merece ser contado.


Comments

Popular posts from this blog

Quiero Emprender ¿Pero no sé Cómo?

Emprender siempre comienza con una pregunta: ¿Cuál es mi camino? Durante mucho tiempo busqué respuestas en diferentes nichos y modelos de negocio. Miraba tendencias, analizaba posibilidades… pero nada lograba moverme por dentro. Era como si todo brillara por fuera, pero no encajara conmigo. La claridad llegó en un instante: la aceptación al programa de Animación 3D virtual del SENA – Colombia. Ese correo fue más que una notificación académica; fue la señal de que mi búsqueda tenía sentido. Allí descubrí que la animación no solo era una herramienta técnica, sino un universo creativo capaz de transformar ideas en experiencias.                                               Un mundo en expansión Lo primero que entendí fue que la animación es mucho más grande de lo que imaginaba. En el mundo, la industria supera los 400 mil millones de dólares. Películas, videojuegos, series...

Los Osos Más Famosos Del Mundo

Cuando ya tenía en mente al oso de anteojos como parte de mi proceso creativo, decidí darme un tiempo para investigar qué osos habían marcado la cultura popular en el mundo. Fue un viaje inesperado y profundamente emotivo: desde mi osito Teddy de la infancia hasta producciones actuales como El Oso (The Bear), la aclamada serie ganadora de varios premios Emmy. En ese recorrido encontré personajes entrañables que han acompañado a generaciones enteras: Yogi y su inseparable cesta de picnic; Pooh, con su ternura y su miel infinita; Baloo, el relajado maestro de la selva; los Ositos Cariñositos con su poder del cariño; Kenai de Tierra de Osos ; el inolvidable y algo intimidante Lotso de Toy Story 3 ; incluso Gonzo de los Muppets, quien aunque no sea un oso, vive entre ellos en la imaginación de muchos. Y claro, imposible olvidar al famoso oso polar de Coca-Cola que, por décadas, ha estado en nuestra navidad. Un hallazgo muy especial fue descubrir a un pariente cercano: ¡un oso de anteojos ...